Acuerdos de ‘paz’: 12 analgésicos en 200 años de guerra

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Por: Orlando Rodríguez García/@OrlandoRodGar

Las causas de la guerra y la pobreza en Colombia no se solucionan con acuerdos coyunturales sobre la amnistía o encarcelamiento de quienes conforman un grupo ilegal armado. Porque las dos opciones responden solo al síntoma: los grupos armados informales. Por el contrario, la enfermedad sigue su desarrollo: el tráfico de recursos naturales, como petróleo, oro, carbón, madera, coltán, esmeralda, madera, banano, entre otros.

Es decir, Colombia padece un cáncer representado en la sobreextracción de recursos naturales. Sin embargo, los gobiernos solo han ofrecido analgésicos durante toda la historia republicana. El país igual se muere, pero siente menos dolor durante una corta tregua, antes de que surja un nuevo grupo ilegal armado potente.

Colombia experimenta una guerra interna desde 1817 con la Patria Boba, donde los grupos armados se disputaban el derecho a explotar el territorio fértil. Desde entonces, se sucedieron otras ocho guerras en el siglo XIX: disolución de (Gran) Colombia, Guerra de los Supremos, Guerra de 1851, Guerra de Draconianos, Guerra por las Soberanías, Guerra de 1876, Guerra de 1885 y Guerra de 1895.

Hubo otras cuatro confrontaciones armadas en los siglos XX y XXI: Guerra de los Mil Días, Represión de Movimientos Obreros (como en la Masacre de las Bananeras), La Violencia y el Conflicto. Un total de 13 confrontaciones en 200 años (1817 – 2016).

Entre una y otra confrontación, pasaron entre uno y 10 años. La causa de todos los conflictos fue la explotación de las tierras fértiles, como sucede hoy con la minería o los cultivos ilegales, a excepción de la Guerra de los Draconianos, que se originó en el gremio de artesanos en Bogotá.

Las 12 confrontaciones antes del actual Conflicto terminaron con un acuerdo de amnistía sobre el bando vencido. En su mayoría, los caudillos de los dos bandos ocuparon la Presidencia de la República.

En casi todos los casos, grupos disidentes no se acogieron al acuerdo y continuaron en la guerra con otro nombre. Por ejemplo, Pedro Marín ‘tirofijo’ combatió durante La Violencia y luego formó las Farc, a pesar del acuerdo de tregua con el Frente Nacional. Cambian de nombre, pero es la misma guerra. Por lo tanto, no hay postconflicto, sino postacuerdo. No hay paz, sino tregua.

La guerra por los recursos nunca se detuvo, porque encarcelar al individuo o perdonar sus delitos no detiene la fuente de la confrontación: la sobreextracción de los recursos. Son 13 confrontaciones, que reciben distintos nombres, pero responden a una misma guerra por los recursos naturales.

El periodo con menor intensidad de las confrontaciones internas fue durante la primera mitad del siglo XX, cuando hubo un impulso en los ferrocarriles, las redes de energía eléctrica, la inauguración de fábricas con la substitución de importaciones. Es decir, el país fue tocado por una mínima industrialización.

Independiente de un acuerdo entre el gobierno y la guerrilla, el germen de la guerra sigue allí, incluso más exacerbado por la locomotora petrolera y las locomotoras mineras del oro, el carbón, la esmeralda y el coltán, entre otras. La cura es la industrialización de la economía y no la dependencia sobre el recurso natural de moda.

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