Alas para soñar

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Por: Elbert Coes / Diámbulos

Siendo la 1:15 de la tarde, el coordinador del área de jurídica me dijo más o menos lo siguiente: ¡Qué hubo hermano, lo noto estresado! Mi respuesta fue decir que estaba bien, que todo estaba bajo control. En efecto, todo estaba bien, salvo mi semblante agitado y pálido pese al color de mi piel. Lo aseguro, no era más que ansiedad.

Cuando uno ha pasado ocho meses conversando a diario con chicas que han cometido errores de tipo penal, sobre todo conversando de intimidades, lo cual afianza y estrecha más el vínculo, y de antemano sabe que no hay nada más humano que un establecimiento carcelario, teme que un evento cultural resulte ser un fiasco. No por la calidad de los ponentes sino por la misma humanidad de los internos, en este caso mujeres.

Las mujeres son sumamente exigentes en todos los aspectos de la vida, y es muy posible que ello esté ligado a su complejidad y así mismo a su belleza, todas las clases de belleza (las mujeres son bellas en todas las posibilidades en que se pueda usar dicho adjetivo).

panorama

El evento fue construido para ellas, desde Alexander Granada Restrepo quien presentó su libro Las Caravanas de Matusalem con precisa exquisitez filosófica, arrullando los corazones de estas chicas al hablar de la belleza, y de cómo lo buenoy el amor son caminos ideales para lograrla; a estos cimientos se sumó la capacidad y el talento innato y pulido del poeta maldito Alan González Salazar, a quien (ahora puedo decirlo: de maldito sólo sus enemigos) vi lleno de humanidad y, lejos del sujeto vanidoso al que el cosmos de la poesía está acostumbrado, recitando la lírica de Fiódor Dostoievski y de Julio Cortázar de un modo meditativo, pausado, atrapando las palabras que los dioses le izaban al azar; más sublime y nirvánico fue el erotismo con que Katherin Castañeda Aristizabal conquistó a un público que, seamos honesto, se identificó plenamente con ella, quien aprovechó la ocasión para enviar un mensaje sobre la agudeza de la palabra y la vía de la esperanza. Y es que en una escuela donde por encima de la moral se sobrepone la educación, Katherin, con su carisma, su inteligencia y su cuidada expresión corporal, era el mejor ejemplo que podía ofrecer Alex Granada acerca de cómo lo bueno y el amor convergen en belleza.

Yo, igual de anfitrión que las chicas (poco menos héroe), y en nombre de todas ellas, aprovecho este escrito para agradecer al arte de estas tres personas, portadoras de luz, cuya gracia iluminó con enorme resplandor la tarde del viernes 7 de noviembre en la Reclusión de Mujeres Pereira. A ustedes —que seguramente ya lo saben, porque el que trabaja con el arte y el intelecto algo sabe aunque en entropía—, les aseguro que han plantado la mejor de las semillas en el área más fértil que tiene el inmenso campo de la humanidad; han puesto la pluma en el nido de los más ansiosos colibríes. A estas pequeñas aves, les han dado alas para soñar.

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