La paz no se firma en La Habana

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Por: Orlando Rodríguez García.

La sociedad colombiana repite un patrón de comportamiento con limitadas opciones de desarrollo económico desde su fundación: grupos legales e ilegales se disputan la sobreextracción del recurso natural en auge y retienen los beneficios económicos de manera particular.

Algunos gobernantes toman en el menor tiempo posible el mayor número de recursos, antes de que el administrador entrante lo remplace en el poder. Por otro lado, grupos armados invaden territorios fértiles, ya sea en zonas madereras, bananeras o petroleras. No solo es el narcotráfico.

El resultado es violencia, desplazamiento, daño ambiental, corrupción y perpetuación de la pobreza.

El fenómeno cambia de etiqueta, según la propaganda del gobierno para describir la misma situación: Guerra de Los Mil Días, época de La Violencia o lucha contra la guerrilla. Los grupos solo cambian de nombre: Cachiporros, Pájaros, FARC o ELN. Sus actos e intereses son iguales.

El individuo al margen de la ley que controla un corredor desde la cordillera hacia el puerto no va a renunciar a su fuente de ingresos, porque sus caudillos firmaron un documento con el gobierno de turno. El postconflicto es irreal, porque la estructura económica les muestra a los grupos armados, que deben aprovechar los precios del recurso natural en auge para el tráfico y extorsión.

La dependencia del tabaco en el siglo XIX, del café y del narcotráfico en el siglo XX y del petróleo y de la minería en el siglo XXI no describe un desarrollo económico, sino la ausencia de un aprendizaje de políticas. Se repite el patrón de extracción sin transformación industrial.

Los acuerdos temporales radican solo en la desmovilización de algunos líderes, que alcanzan cargos públicos. Sí, eso hay que hacerlo. Sin embargo, desmovilizar a algunos no previene que se movilicen otros. Etiquetas de marketing como ‘paz’ y ‘postconflicto’ son irreales y se quedan en la euforia de los ciudadanos, que anhelan una estabilidad social, que no tiene dónde soportarse. El germen de las confrontaciones armadas internas entre grupos ilegales, sigue ahí: la extracción informal de recursos naturales y la inestabilidad del sector industrial. Nuevos actores con otros nombres seguirán en la guerra, porque el origen del problema no cambia.

La paz está en migrar del sector primario al industrial y postindustrial. El camino es la inversión en investigación, educación y desarrollo tecnológico. Las empresas líderes en el mundo no compiten por vender más barato, sino por quién inventa un producto más eficiente. Reducir el presupuesto a la investigación y exportar recursos naturales sin valor agregado es perpetuar la guerra.

Twitter: @OrlandoRodGar

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