El rol de la investigación en la formación profesional

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Por: Rubén Darío Naranjo / rudanasa.wordpress.com

Desde que Wilhelm von Humboldt agregó al proceso universitario la investigación, le dio un valor más a la misión institucional de la Universidad, como fue la de generar nuevos conocimientos, para trascender la repetición y el eco de otros, para no seguir estancados en teorías que no solo eran importantes, pero limitaban porque se creían como verdades absolutas; se retoma el método científico y se lleva al claustro, ahora no solo se lee para redundar, analizar y pensar, también para crear, para el fortalecimiento de la heurística como producto de fases de aprendizaje, conocimientos de otras teorías y llevarlas a la práctica. La universidad, así, se potenció con un nuevo factor: hacer ciencia, generar nuevos sapiencias, aplicación de metodologías científicas, teorías, leyes etc. “El propósito de Humboldt para la Universidad de Berlín era la creación de unidades de investigación y enseñanza para la relación entre alumnos y profesores”.

La academia dio paso adelante, incorpora la investigación y todos sus componentes para robustecer la educación, fortalecer el aprendizaje y dar más elementos para que los profesionales, fuera de su ejercicio como tal, crearan nuevos conocimientos con miras a solucionar problemas, generar desarrollo y progreso. Por eso la investigación tiene un rol importante en la educación superior, la cual deberá asumirse con responsabilidad, criterio profesional, con disciplina y rigurosidad académica, y esta tiene que venir desde la misma universidad, cuando incorpora los procedimientos requeridos a través de sus programas,  escoge el personal idóneo, con el perfil requerido y la experticia propia de la actividad investigativa, es muy complejo que un docente hable de investigación cuando tan solo la conoce en teoría, en formulas, en procedimientos escritos, o con la sola formación académica, a ello hay que aunarle la práctica y las experiencias, esos factores que vigorizan la enseñanza, que permitirán que se instruya con propiedad, conocimientos, entereza, intelectualidad; no basta tener formulas y una simple formación, la experiencia hará al maestro investigador, mientras no se cuente con este recorrido, tan solo seguirá siendo un docente repetidor de las experiencias de otros. “Por eso, el profesor de universidad no es un maestro, ni el estudiante un educando, sino alguien que investiga por sí mismo, guiado y orientado por el profesor”[2]

La sola formación –maestría- y los documentos en materia de investigación como herramientas para un profesor no son suficientes, y estas son las que han llevado a que los estudiantes cuando se les habla de trabajo de grado, se impresionan viendo tal proceso como un obstáculo o una problemática de orden mayor para ostentar su título, porque algunos profesores que no tienen la experiencia de investigar, dimensionan este proceso como algo complejo y dificultoso, se habla solo desde la teoría y la formación, y habidos de experticia, y ahí es donde aparece aquel adagio popular “que todo el que no sabe hacer se dedica a enseñar”[3], dicen que la mejor educación es aquella que viene del ejemplo, por eso cuando un profesor exija a sus estudiantes que escriban el tendrá ya como práctica dicha exigencia, se requiere de que hagan ensayos y porque él también los hace, y de igual forma en la investigación, si se requiere que un estudiante haga investigación, es porque ese profesor ha investigado y sabe hacerlo, de lo contrario están hablando idiomas totalmente diferentes, se generan contraposiciones, el uno habla desde la práctica y el que supuestamente está enseñando lo hace desde la teorías, lecturas o su erudición, en esta pugna el estudiante está en desventaja, ya que es la palabra del estudiante contra la del docente. Si él considera que esta mal orientada la investigación porque las teorías que ha leído así se lo enseñaron, ahí hay un diferencia, literatura vs práctica. Todo lo anterior solo contribuye a generar una apatía hacia una experiencia tan importante y trascendental en la vida de un profesional, allí se pierde la oportunidad de un nuevo método de aprendizaje, como es vivir, evidenciar, confrontar conocimientos y teorías con la realidad, con el entorno y su problemática, el respectivo análisis, estudios, disertaciones, y toda la productividad científica que demanda un proceso investigativo, el estudiante se queda con las narraciones y lecturas, teorías y escritos, sin poder hacer ese laboratorio práctico que fortalece la intelectualidad, producto de sus estudios, observaciones,  lecturabilidad, escriturabilidad y demás acciones propias de la investigación. Todo lo anterior nos conduce a:

El infeliz estudiante se ve inevitablemente forzado a echar mano de sus propios recursos para recoger al azar y por casualidad, de aquí o de allá, fragmentos desorganizados del método científico, así como fragmentos de métodos no científicos. Y cuando el estudiante se convierta en investigador profesional, como no posee la educación y la instrucción necesarias, caminará torpemente en la oscuridad, siguiendo caminos costosos y cerrados y echando mano de cosas tan desconfiables como adivinanzas al azar, conjeturas arbitrarias, corazonadas subjetivas, intuición accidental, suerte pura, accidentes afortunados, pruebas no planeadas, e invariablemente erróneas.  ¿Puede ser ésta una metodología adecuada para hacer nuevos descubrimientos y lograr aplicaciones benéficas? Desde luego que no, pero esta es la metodología que los exponentes de las antítesis recomiendan a los investigadores profesionales”[4].

En la actualidad, todas las universidades deberán fortalecer el ejercicio investigativo, promover semilleros, grupos de investigación, publicación de los resultados de las investigaciones, revistas indexadas, otros documentos científicos; y que finalmente para graduarse, un requisito fundamental debe ser su trabajo de grado, una actividad investigativa que recoge todo el proceso formativo y lo pone en práctica, permitiéndole complementar con una experiencia que va desde plantearse un problema, indagarlo, ahondar en él, elaboración de instrumentos para obtener los datos, complementar con el estudio, análisis e interpretaciones de esos datos y otras teorías, para confrontarlas con la realidad que investiga, para tener elementos de juicio para sus observaciones, permitiéndole pensar, y posiblemente construir nuevas hipótesis que ayuden a su disciplina; una educación en este aspecto se hace importante, y termina siendo vital para la actividad profesional, y para el mismo profesional. Esta estrecha relación con el enseñante debería poder capacitar al estudiante para desempeñar por sí mismo una labor científica”

La ciencia surgió de la capacidad de asombro del ser humano y desde la necesidad de resolver dudas, inquietudes y problemas, y que solo la academia vino a retomarla solo hasta el siglo XIX, setecientos veinte años después de haberse creado la primera universidad –Bologna 1088-, aparece en la universidad la investigación como parte trascendente de la ciencia, y fue en la obra de Wilhelm von Humboldt, que propone su modelo de universidad, la cual se caracteriza por aunar la enseñanza y la investigación -1808-. La libertad de la ciencia y la autonomía del cuerpo docente son las premisas en que se basa su modelo universitario. Empero Humboldt proponía que la universidad debía garantizar a los investigadores que han de ser interpretados como un intento de confinar la ciencia a una torre de marfil. Posición que hasta el mismo decano de la universidad Heinrich Deiters[5], se opuso, por su carácter elitista.

Con los historiales aquí presentados, la investigación juega un rol de trascendencia en la academia, por asignarle un papel ante la ciencia, aquella torre de marfil donde sus colectividades de temporalidad corta, deberán durante su proceso de formación apuntalar la ciencia, promover la investigación, generar nuevos conocimientos, leyes, principios, intelectualidad, documentos científicos, entre otras. La investigación permite que el estudiante asuma retos de creatividad, de análisis, escritos resultados de sus experiencias investigativas, argumentar hipótesis, y enfrentar el reto de proponer sobre conocimientos racionales ciertas y probables, los cuales han sido obtenidos metodológicamente a través de la sistematización, dándole la capacidad de enfrentar procesos de manera más analítica y razonadamente, como una nueva forma de asumir el reto de la práctica de su profesión y poder enriquecerla desde sus estudios e investigaciones, contribuir con más teorías y conocimientos que le permitan avanzar.

La investigación es ese proceso educativo que enriquece el saber del estudiante, ya que propicia nuevos conocimientos como resultado de la interacción entre vivencias en la profesión y la sumatoria de las teorías adquiridas en su quinquenio formativo, las cuales confronta, cuestiona, afirma, controvierte, reafirma probando su validez con esa actividad experimental vivida en un trabajo de campo y en la obtención de una serie de datos que analiza, estudia, concluye, y luego condensa en un informe final, permitiéndole la realización argumentativa y escritural de los resultados, para luego sustentarlos y socializarlo ante la comunidad científica y experta en la temática investigada. Esta es otra forma de enriquecer educativamente al futuro profesional, prepararlo con una capacidad de indagar, de enfrentar problemas, y los retos de la ciencia y de la sociedad.

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