TLC entre Colombia y Costa Rica, no del todo convencidos

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Por: César Álvarez.

En la década de los 80, Colombia firma su primer acuerdo comercial a través del tratado de Montevideo con los países de la Asociación Latinoamericana de Integración ALADI, el cual tenía como propósito esencial fomentar la cooperación e integración económica entre algunos países de América Latina; desde entonces, y con la apertura económica promovida por el gobierno de Cesar Gaviria Trujillo, Colombia no se ha detenido en el intento de establecer relaciones comerciales con el mundo, bajo las dinámicas de cooperación y desregulación económica propias de la economía de mercados.

Colombia hoy se ubica en el ranking de las cinco economías más grandes de América Latina gracias al crecimiento sostenido del PIB durante los últimos años, una inflación por debajo de dos puntos, un grado de inversión BBB, entre otras características destacables en términos macroeconómicos.  Estos avances pueden llevar a pensar que nuestra economía es estable, solida y capaz de afrontar retos en medio de la arena internacional; pero este juicio se torna inverosímil cuando es utilizado para argumentar decisiones que dichos indicadores no pueden soportar de manera precisa, como la firma de acuerdos comerciales que requieren una mirada mucho más profunda y critica de la  economía nacional en términos de competitividad, productividad, infraestructura y demás elementos que permitan ingresar al país de manera eficaz en las dinámicas de la internacionalización. Por todo esto, la entrada en vigor a partir del lunes 1 de agosto del tratado de libre Comercio suscrito entre Colombia y Costa Rica, se han generado no pocas discusiones en torno a la capacidad del país para afrontar su decimosexto acuerdo comercial, considerando los problemas estructurales y coyunturales de la economía nacional claramente difundidas en los últimos meses a través de la protesta social.

Cada uno de los 16 acuerdos comerciales suscritos por Colombia cuenta con características particulares que traen ventajas, oportunidades, retos y problemas expresos. En cuanto al último acuerdo, según cifras el Mincit, el comercio bilateral sumó US$ 330 millones para el año 2015, de los cuales US$248 millones fueron exportaciones de Colombia hacia Costa Rica, lo que representa el 75% del monto total; sumado a esto, se esperan que sectores como el agroindustrial y el de plásticos se vean beneficiados; pero las preguntas surgen cuando se identifica que el 43,7% (7 de 16) de los acuerdos comerciales firmados por Colombia han entrado en vigor durante los últimos cinco años, lo que conduce a múltiples preguntas, ¿Cuál ha sido la preparación de la economía nacional?, ¿Han sido suficientes los esfuerzos institucionales para tal fin?, más allá de los paliativos, ¿Donde están los proyectos de fortalecimientos de  las cadenas productivas y las estrategias progresivas para abordar estos acuerdos y tratados comerciales?, entre otras preguntas que quedan en el aire.

Pueden existir diversas respuestas por parte del gobierno nacional a cada una de las preguntas, desde el fortalecimiento y acompañamiento a algunos sectores productivos, apertura de corredores y vías de cuarta generación, los sonados dividendos económicos de la paz que transversalizan toda la política de desarrollo económico y social, la reforma tributaria que se encuentra en trámite, las ZIDRES; en fin, múltiples respuestas que en la práctica pueden generar dudas, no solo por el malestar generalizado de los sectores productivos del país, sino como lo reflejan los indicadores de competitividad expuestos por Rafael Puyana, vicepresidente Consejo Privado de Competitividad en el seminario de ANIF realizado el pasado mes de abril en Pereira, donde se evidenciaron las fortalezas, las debilidades y los grandes retos que debe asumir el país en términos de competitividad, que no dejan muy bien parada la tesis de que Colombia está preparada para afrontar más de una docena de acuerdos comerciales.

Todo esto pone de manifiesto la necesidad del Gobierno por integrar el mercado nacional con el mercado internacional; para muchos, una oportunidad para la autocritica y la puesta en práctica de reformas que permitan el crecimiento, desarrollo e internacionalización de nuestra economía; para mí, una peligrosa estrategia que puede generar múltiples réditos, si es afrontada con los recursos, la voluntad política y las estrategias reales por parte del gobierno nacional que en la práctica no se han evidenciado, debido a que los indicadores pueden evidenciar realidades contradictorias, lo cierto es que Colombia debe asumir desde este mes un TLC con Costa Rica, seguir trabajando por sacar el mayor provecho de otros 15 acuerdos vigentes y prepararse para afrontar otros dos con Panamá e Israel que aun no han entrado en vigor.

 

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