Un verdadero maestro

1592

Por: Rubén Darío Naranjo / rudanasa.wordpress.com

 

Un verdadero maestro es capaz de enseñar, educar y formar con amor.

Un verdadero maestro se entrega con disposición, vocación y dedicación.

Un verdadero maestro se da a sus discípulos con entereza e integridad.

Un verdadero maestro siente a sus discípulos como algo más que eso.

Un verdadero maestro se recrea enseñando y enseña recreando.

Un verdadero maestro vive para educar y educa para vivir.

Un verdadero maestro convierte el aula en algo más que un salón de clases.

Un verdadero maestro es un orfebre de la educación y la formación.

Un verdadero maestro siente a sus estudiantes como una parte de sí.

Un verdadero maestro ve los alumnos como si fueran sus hijos.

Un verdadero maestro siempre es digno de imitar.

Un verdadero maestro es muy fácil de conocer e identificar.

Un verdadero maestro ilustra con amor, enseña con cariño y forma con ternura.

Un verdadero maestro se parece a un padre corrige con disciplina pero tolera con afecto.

Un verdadero maestro tiene en su educar una expresión de bondad.

Un verdadero maestro se preocupa más por formar que por enseñar.

Un verdadero maestro comparte con los alumnos como si fueran sus mejores amigos.

Un verdadero maestro, tiene oídos para escucharte; razones para entenderte; tolerancia para corregirte; respeto para aceptarte; solidaridad para acompañarte; paciencia para instruirte; responsabilidad para educarte; vocación enseñarte; y amor para entregarse.

 

Tomado del Libro «VIVENCIAS INEDITAS DE COTIDIANIDAD» de Ruben Darío Naranjo

Artículo anteriorEl AMCO promueve competencias en segunda lengua a docentes
Artículo siguienteReconocimiento a madres líderes en Santa Rosa